domingo, 26 de febrero de 2017

Un microcuento de carnaval

Nuria era nueva en la ciudad, acababa de llegar para comenzar sus estudios universitarios, solo conocía a Carmen, su compañera de piso y amiga desde la infancia. Nuria había hecho muchas amistades durante los meses que llevaba de clase, salía con ellos y compartían aficiones como bailar. Tras pasar las Navidades, se iba acercando febrero y ella veía como todos preparaban sus disfraces para carnavales o las coreografías para el desfile, todos menos ella.
Cuando era pequeña Nuria se alegraba cuando llegaban estas fechas, elegía contenta su disfraz y salía a la calle a lucirlo, hasta que un año todo cambió. Nuria se disfrazó de payasete cuando tenía 10 años y desfiló en el concurso como cada año pero... ¡PUM! Nuria tropezó y cayó al suelo en medio del escenario. Todos los niños se reían de ella y la insultaban. Nuria, sonrojada y nerviosa, corrió a su casa llorando y se quitó el disfraz. Desde aquel momento no volvió a disfrazarse ni a salir en carnavales.
Quedaba una semana para el gran desfile. Nuria estaba en su habitación terminando un trabajo de clase cuando Carmen entró muy nerviosa por la puerta.
-¿Qué te pasa?
-Pues que una compañera de la comparsa se ha hecho un esguince muy grave y no podrá desfilar con nosotras y nos falta una persona porque sin ella no alcanzamos el número mínimo de componentes...
-Joder, qué mala suerte
-¿Podrías ayudarme?
-¿Yo?
-Sí, eres perfecta, sabes bailar, cogerás enseguida la coreografía
-Carmen, sabes de sobra que no me gustan los carnavales
-Por favor Nuri, si no fuese urgente no te lo pediría...
Nuria dudó unos segundos pero finalmente aceptó. Esa tarde asistió a su primer ensayo, todos la recibieron con sonrisas y agradecimientos por haber aceptado. Nuria se aprendió rápido la coreografía e incluso aportó ideas. Durante la semana Carmen y ella terminaron de confeccionar sus trajes para el gran día.
Era casi la hora, todos estaban listos para comenzar su baile y lucir sus hermosos disfraces. Nuria no estaba del todo emocionada pero cuando salieron a la calle y comenzaron a bailar, la sonrisa de su cara la delató. Todo era genial, el traje, el baile, la gente le aplaudía y al final de la noche... ¡Recibieron el primer premio! Todo eran sonrisas y alegría. Muchos le dieron las gracias a Nuria porque sin ella nada habría sido posible.
Nuria se sintió tan bien que desde entonces quiso participar todos los años en el desfile de carnaval.

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